Bienvenidos!

Bienvenidos todos. Mi nombre es Viviana Quispé, soy boliviana y mi familia se dejo la vida en conseguir darme la educación que tanto quise, por lo que, con muchos esfuerzo de toda mi familia, consiguieron sacarme unos billestes de avión y pagarme la matricula en la universidad. Pero ahora he de ingeniarmelas en mi nueva ciudad, Madrid, con mi nueva vida, la gente que conoceré, etc... Aqui comienza mi vida, pero os pongo en antecendentes sobre mi infancia y vida en Bolivia.

lunes, 22 de noviembre de 2010

El curioso racismo de los inmigrantes.




   Hola Amig@s:

   Hoy toca hablar de música :) ¿Han escuchando alguna vez hablar de la “cumbia” o del “cuarteto”? Bueno, como sé que ninguno va a responder porque esto es una máquina xD, les voy a explicar: El cuarteto y la cumbia villera son dos géneros musicales de origen argentino. Son ritmos muy bailables, alegres, que en muchas ocasiones hablan del amor, y otras de las vivencias de la gente. Pues bien, hago esta introducción para contar otra anécdota de las mías. Begoña, la señora con la que vivo, tiene una vecina ecuatoriana llamada Silvana. Silvana es una chica muy fiestera, le gusta mucho la salsa y el merengue, un día hablando de música, me dijo que, como a mí, le gustaba el cuarteto y la cumbia, que la conoció gracias a un novio argentino que tuvo. Cuando le propuse que fuéramos un día a bailar, sin demora me citó para que el pasado viernes fuéramos a un pub argentino donde podríamos bailar esa música. El día llegó, me puse todo lo guapa que pude, tomamos el metro y nos plantamos a las once en el pub. Estaba siendo una noche inolvidable, cuando cerca de las tres de la mañana el pub empezaba a vaciarse, y sólo empezaban a quedarse borrachos tambaleantes. Silvana y yo estábamos en la barra cantando una canción de un cantante llamado Rodrigo, cuando se nos acercó un tipo de ojos verdes y nos dijo:

- ¿Qué hacen ustedes cantando Rodrigo? La cumbia es sólo para argentinos.

  Yo, adelantándome a su tono exclusivista, le dije:

- ¿Perdona? ¿Quién dice que la cumbia es sólo para argentinos?
- La inventamos nosotros, es música argentina, no es música para indios, ni negros...

   La palabra “indio” es una palabra compleja para mi ecosistema cerebral, pues si bien me enorgullece considerarme “india”, me ofende cuando la palabra es usada en un tono despectivo, como lo estaba usando aquel tipo en ese momento. Por eso, en ese momento le dije al “argentino”:

- La música es para el que la siente, no tiene etiquetas, ni certificado de origen. Yo soy boliviana y me gusta la cumbia, ¿y qué?
- ¿Sos boliviana? –preguntó el argentino– Me parece que te equivocaste de sitio, nena. Este es un pub para argentinos.
- ¿Ah sí? Pues perdona, no queremos estar en un lugar en el que no somos bien recibidas. Vámonos, Silvana. – le dije a mi amiga.

      Cogimos nuestros abrigos y salimos de allí. Mi amiga no entendía nada, puesto que no había estado atenta a la conversación. Cuando se lo expliqué, intentó justificar las acciones del argentino diciendo que cada colectivo tiene sus lugares, que es entendible que él reaccionara así. Yo intentaba hacerla razonar, diciéndole que eso era una estupidez, que nosotros podíamos ir a donde nos diera la gana. Silvana zanjó la discusión prometiéndome que a la próxima iríamos a un bar boliviano o ecuatoriano, pero aún sabiendo que esa no era solución, me callé y apreté los dientes. Pasan los días y sigo preguntándome:

¿Cómo demonios pretendemos luchar contra la discriminación y el racismo si entre nosotros, los inmigrantes, no nos unimos en un espíritu común y eliminamos nuestras diferencias?


viernes, 19 de noviembre de 2010

El Dorado...





   Hoy volví a mi blog después de unos días sin conectarme,... Me apetecía desahogarme, sin más, soltarlo todo como estoy empezando a hacer, aporrear las teclas durante diez terapéuticos minutos, publicar e irme con un peso menos de encima... y ¿qué es lo que me encuentro después de hacerle la cacería a un computador de los de la sala de informática durante casi media hora? Me encuentro con lectores, con sus comentarios, con los ánimos que me mandan, con la atención que me dedican, con la atención que ponen cuando me leen, y me siento muy gratificada... Y por un momento no me siento tan sola aquí, por un momento me siento como si tuviera como un millón de amigos, y esa es la sensación que tengo aquí últimamente... No he encontrado trabajo todavía, pero he encontrado amigos, personas que me apoyan, hombros sobre los cuales puedo apoyarme, o simplemente donde llorar; oídos que me escuchan, mentes que tienen preguntas que hacerme... Y me acuerdo de mi familia, me acuerdo de todos, me gustaría contarles que, sin esforzarme mucho, he encontrado lo más valioso de estas tierras: su gente, porque son ellos los que le dan valor a este lugar del mundo, porque es su alegría, su empeño y sus valores los que han construido cada cosa que hay aquí.

   Los españoles de la época de la conquista partieron a Sudamérica en busca del tesoro de “El Dorado”, y tras un largo viaje, no exento de accidentes, no encontraron dicho tesoro, pero encontraron la gran selva del Amazonas, la selva más grande del mundo por la que discurre, también el río más largo y caudaloso del mundo... A mí me pasó algo parecido, me desencontré con la promesa de una vida mejor, pero encontré por el camino un tesoro mucho más valioso: los amigos y todo lo que te pueden aportar y enseñar. Así que aquí sigo, gracias a vosotros, a quienes ya considero mis amigos, gracias a Juan Manuel, a Adela, a AB,  Buiji, compañeros/amigos de clase, a todos: Gracias por estar ahí.


¿Qué sería de la vida sin buenos amigos como vosotros?

sábado, 13 de noviembre de 2010

La Residencia.




Dedicado a la de la regente de la residencia de estudiantes:

            Comparto piso, sí, cuido de una anciana llamada Begoña que me da alojamiento gratuito a cambio de que comparta con ella y esté pendiente de lo que pueda necesitar. Me encanta estar con esa viejecita, las cosas que me cuenta, sus consejos, más gente debería considerar la alternativa que yo he tomado, es algo que beneficia a dos personas con unas necesidades muy concretas, pero no todo fue así de fácil desde un principio. Para obtener el visado de ingreso en España me exigieron un contrato de alquiler o con alguna residencia, algo que demostrara que tenía un techo en España. De modo que lo único que estaba a mi disposición para conseguir alojamiento en Madrid, estando en Bolivia, fue Internet. Contacté con una residencia de estudiantes que me pidió casi 700€ por mes, no te puedes imaginar lo que le costó a mi familia reunir ese dinero, pero finalmente lo consignamos en la cuenta de una señora, en apariencia muy amable. La sorpresa vino al llegar a España, cuando en compañía de un amigo de mi padre, que me recibió en el aeropuerto, acudimos a la dichosa residencia y la “amable” señora me pidió otros 700€ en concepto de fianza, la cual me sería “supuestamente” devuelta al abandonar la residencia. Era vital conseguir ese dinero ya que sin él no podría alojarme. Teniendo en cuenta los descomunales sacrificios que tuvo que hacer mi familia para conseguir los primeros 700€, ¿con qué cara se supone que podría yo llamar a mis padres para pedirles 700€ más? Se supone que debería haberme, al menos mencionado, que tenía que pagar una fianza tan alta, pero así se ganaba la vida esta señora, ajena a lo sacrificado de enviar a un hijo a estudiar a Europa. De modo que, aunque desesperada, desistí de ponerme en contacto con mis padres, ya se sabe que no existen árboles que den plata, de modo que le pedí el dinero al amigo de mi padre, pero el pobre hombre lo único que podía darme era alojamiento por algunos días hasta que encontrara algo. Estuve viviendo con el amigo de mi padre un breve periodo de tiempo hasta que encontré este apartamento en el que cocino para mí y la señora . Al poco tiempo, cuando ya vivía con Begoña, otro estudiante que estuvo en esa residencia me contó que la dichosa fianza pedida por la señora nunca era devuelta, e intentando la compleja tarea de ponerme en el lugar de la regente, me pregunto:

¿Qué clase de monstruo carente de sentimientos hay que ser para aprovecharse de esa manera de tantos estudiantes sin medios que engañados van a parar a su residencia?

El empleo...


    Hola Blogspot:

   Sigo viva, te llamo Blogspot porque supongo que eres el único que me lee, vista la abrumadora cantidad de comentarios que recibo, jeje. Pero bueno, vuelvo a la tarea del blog, quiero seguir contándote mi historia porque sé que, a pesar de que no digas nada, eres el único que me escucha. He estado algo depre estos meses, no lo he tenido fácil para conectarme a Internet porque la sala de computadores siempre está abarrotada, y por eso no pude seguir escribiendo sobre mis aventuras y desventuras en Madrid, pero aquí vuelvo a la carga. Sin embargo, he estado tomando muchas notas y garabateando mi diario estos días.

  No te preocupes, Blogspot, estoy bien, eso es lo que le digo a mis papás, y en resumidas cuentas es verdad, no miento. De momento no he encontrado trabajo, pero por lo menos tengo un techo y no me cobran nada por él. Siempre después de clase me voy a la calle con el periódico de los anuncios en mano para ver si encuentro algo que hacer y por lo que me paguen, pero hasta la fecha no he tenido suerte... siempre me piden los malditos papeles, pero no sé, sigo pateando y pateando Madrid con la esperanza de que algún alma piadosa se le olvide pedírmelos y me dejen trabajar en lo que sea.



   A veces me siento culpable al buscar trabajo, porque soy consciente de la crisis económica que hay en este país, y de la cantidad de desempleados que hay por ahí, y pienso que si encuentro trabajo le estoy quitando la oportunidad de trabajar a alguien de aquí, que quizá se lo merezca más que yo, pero no sé. Ciertamente, si tuviera los dichosos papeles, hace mucho tiempo que hubiera encontrado un trabajo, de hecho es lo que me han dicho en varios sitios, que les gusta mucho mi perfil y tal, pero que como no tengo papeles... nada. Y esos españoles desempleados que tienen todos sus derechos, 

¿por qué siguen en el paro? ¿será que no hacen lo suficiente para encontrar un empleo?

viernes, 12 de noviembre de 2010

Cosas de clase. (4º parte. Colonización hispano-americana)


 

Día de la Resistencia Indígena:

            El pasado 12 de octubre me ocurrió algo ciertamente curioso, por lo menos para mí. La señora con la que vivo me motivó a ir a ver el desfile de la Fuerzas Armadas... nunca me han llamado mucho la atención las fuerzas armadas, ni las armas, y mucho menos la guerra, pero me causaba curiosidad ver volar a las formaciones de aviones (algo que me encanta) y como una idiota, me levanté temprano ese día y tomé el metro hasta el Paseo de la Castellana para ver el famoso desfile. Todo transcurría con normalidad, hasta que intenté acceder a la primera línea de los asistentes para ver la procesión de militares.
Para entender lo que voy a contar a continuación, es necesario que me describa: mido menos de metro sesenta, soy algo regordeta, tengo los ojos negros como el carbón, así como mi pelo y el color de mi piel es del mismo color canela que la piel de mis ancestros quechuas... Prosigo, intentaba abrirme paso entre la gente cuando me cerraron el paso un grupo de cinco jóvenes con la cabeza rapada y chaquetas, como infladas por dentro. Les pedí educadamente que me dejaran poner delante, ya que al ser bajita, no podía ver bien el desfile. Y me dijeron: “¿Qué se te ha perdido aquí? Vete a tu país”. Me sentí profundamente ofendida porque no estoy en España por opción, para mí no son tan fáciles las cosas para decir: “Me voy a mi país, y ya”, pero callé, di media vuelta y volví a la casa de la mujer sin ver volar a los aviones y teniendo esa inolvidable estampa reemplazada por el rostro de aquel cadavérico personaje que me había tratado de esa manera. No soy una persona dada a la confrontación, por eso simplemente cerré la boca y me giré, pero desearía tener un poco de esa mala leche española para decirles cuatro cosas bien dichas, cosas que se me iban ocurriendo por el camino de vuelta a la casa.
            El 12 de octubre se celebra lo llamado como Día de la Hispanidad, en teoría, una fiesta a compartir por España y todos los países latinoamericanos en la que se celebra su espíritu de unidad, una fiesta por todas las cosas que se comparten en la cultura hispánica. Pero, a tenor de lo que me ocurrió ese día en el desfile, me pregunto: ¿Qué tenemos nosotros que celebrar? ¿Ser las víctimas de un holocausto nunca reconocido ni publicitado como el holocausto de los nazis? ¿El sometimiento de culturas milenarias como las precolombinas? ¿Qué unidad hay que celebrar, cuando las desigualdades económicas y sociales entre el pueblo latinoamericano y el pueblo español son cada vez más grandes? ¡Vaya absurdo! Hace unos años, Hugo Chávez, al respecto, quitó de su calendario la fiesta del 12 de octubre y la reemplazó por otra, celebrada el 11, llamada “Día de la Resistencia Indígena” en homenaje a todos aquellos seres humanos masacrados por las armas de los colonizadores españoles. Aplaudo su iniciativa, y que Venezuela se desmarque de esa fiesta imperialista teñida de sangre, pero me sigo preguntando:

¿Por qué tenemos que seguir celebrando, el 11 o 12 de octubre, el aniversario de un día que supuso el principio del exterminio de civilizaciones enteras? ¿Por qué tenemos que celebrar una visión totalitaria y racista del mundo, en vez de condenar de una vez por todas el holocausto y el sometimiento de nuestros pueblos?

"Oscuro estrecho"




  Como cada día a las 5.30 de la tarde, Marta al salir clase iba ayudar a su abuela a la panadería que tenía en una de las calles más bonitas de su barrio, al menos eso le parecía a ella. Como cada día a las 5.35 Momo aparecía allí, ¿qué quieres? le preguntó María, Momo miró el expositor que estaba repleto de todo tipo de pasteles y delicias, se le hacía la boca agua  ¿qué te apetece volvió a preguntar María? anda decídete!! no tengo todo el día, umm,,,, un bollo y una barrita de chocolate…..¿y para lo de todos los días te quedas un rato pensando? vaya chico tonto, pensó María.

  ¿Cómo te llamas? preguntó María,,,,, me llamo Momo,,, y yo María. ¿Oye te gustaría tomar una taza de chocolate caliente y unos bollos, mi abuela los hace muy ricos? Momo asintió. Los dos niños pasaron a un cuartito que la abuela tenía justo detrás del mostrador. ¿de dónde eres? preguntó María, de Senegal contestó Momo, ¿dónde queda eso? siguió preguntando María, muyyyyyyy lejos, ¿viniste en avión? dijo María, entonces Momo empezó a llorar ¿por qué lloras?, no es que…… ¿qué pasa? preguntó María.  Entonces Momo empezó a relatar su historia, nací en Boboue que pertenece a la región de Louga, allí vivía con mi hermana y mis padres, mi padre murió hace 4 años, un coche lo atropelló. Nunca habíamos tenido mucho pero al menos podíamos comer un par de veces al día, pero las cosas fueron a peor y alguien le dijo a mi madre que en España había trabajo, así que no se lo pensó dos veces, vendió todo lo que tenía y con ese dinero logramos un sitio en una patera. El día que embarcamos había tormenta, éramos veinticinco personas, yo pensé que todos no cabríamos en un cascaron así, pero nos metimos, eran tantas las ganas de salir de allí, que unos encima de otros logramos echarnos a la mar. 

  La travesía duró 10 días, habíamos llevado algunos alimentos, pero nos lo hicieron dejar fuera, y solo nos permitieron un pan por cabeza y algunas botellas de agua. Al sexto día se nos acabo el agua y el poco pan que llevábamos mucho antes. Por las noches la temperatura bajaba, la humedad nos calaba los huesos. Nos llovió y la barca se lleno de agua, así que con las manos tuvimos que achicarla, yo pensaba que todos íbamos a morir, hasta que al final un buen día llegamos a la costa, allí para nuestra desgracia nos esperaba la policía, muchos  fueron devueltos a nuestros país. 

  A mi madre y a mi nos llevaron a unas dependencias, donde pasamos unos cuantos días, durante ese tiempo nos dieron comida y abrigo. Mi madre lloraba cada día, y un buen día apareció allí una persona que nos dijo que podríamos quedarnos durante tres meses y que le iba a proporcionar a mi madre un trabajo, de aquello hace ahora tres años.

  Y aquí soy feliz, veo a mi madre contenta y…… quizá algún día vuelva a visitar país.


(tercer cuento)

jueves, 11 de noviembre de 2010

"Nada es fácil al principio"




   Antes de mi partida a España, la cual me costo un año decidirme, solía decir, que si es imposible decidir donde nacemos, porque no decidir donde y como queremos vivir; pero ese pensamiento se diluyó cuando me convertí en inmigrante. Una vez oí que cada persona debía quedarse allá dónde nacía, el comentario hacía una comparación del hogar con el país, decía que si en tú casa tienes comida y alojamiento para 2 hijos, como vas a alimentar a otros tantos del vecino. Esto me hizo sentirme mal al pensar en mi condición de inmigrante viendo como somos rechazados por algunas personas que por suerte no han tenido la necesidad de emigrar y buscar una vida mejor. 

   Cuando decidí partir, lo hice con mis tres hijas de 7, 8 y 12 años, mi marido marchó unos meses antes que yo con un visado de turista  y aunque no tuviéramos vivienda propia al menos el tenía un trabajo, algo que en mi país era impensable conseguir. Trabajar como ilegal fue muy duro, mi marido tuvo que repetir numerosos viajes para regularizar su situación, en ese tiempo solo yo trabajaba.  

   Un tiempo después, nuestra situación mejoró, la nevera estaba llena, comíamos todos los días varias veces (desayuno, comida, cena), compramos un coche, sin embargo había algo que nos faltaba “el afecto y la compañía de los nuestros”. En el día a día mis hijos eran mi única compañía, salía a trabajar cuando ellos dormían y cuando volvía o estaban estudiando o durmiendo la mayoría de las veces.  Esto que nos parece tan normal, tan rutinario, cuando estas con los tuyos no resulta tan temido, porque te encuentras arropada por tu entorno familiar, tus costumbres, tus leyes, y sobre todo tú te sientes más fuerte.

   Hubieron muy buenos momentos, como la visita de mi única hermana y de sus hijos, las excursiones a la montaña, ver crecer a mis hijos y como se fueron buscando un  lugar en la vida; una de ellas es campeona olímpica, otra es una arquitecta de prestigio y la tercera esta felizmente casada de la cual tengo dos nietos. 

Ahora vivo en Suiza, se me presenta un nuevo reto, vencer la barrera idiomática, acostumbrarme al frío, etc… un volver a empezar, pero más unida a mis hijos que han crecido y a otras personas que llegaron a mi vida al emigrar de mi país.

Con esfuerzo, todos podemos prosperar o dependemos de la gente del pais al que emigramos?

(segundo cuento)